Asociación de ovino de Raza Navarra

Las Corralizas

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Las Corralizas (pag.2)

[Documento completo de historia de Las Corralizas]

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Sin haberse recuperado de la francesada, los ayuntamientos se vieron de nuevo envueltos en otro conflicto, la primera guerra carlista (1833-1839), que los sumió una vez más en la ruina. Y como consecuencia, debieron recurrir a préstamos de los pudientes para acudir a los requerimientos de alimentos y dinero. Las crecidas deudas motivaron nuevas ventas de corralizas, en mayor proporción incluso que en los años anteriores.

Por si fuera poco, en 1855, la Ley de Desamortización Civil obligó a los municipios a desprenderse de sus bienes propios. El conflicto competencial surgido entre el Estado y la Diputación Foral por la aplicación de esta ley, retrasó su aplicación pero no pudo evitar que varios miles de hectáreas pasasen a manos privadas.

El objeto de las escrituras públicas que dieron forma a las ventas de las corralizas era Ver imagen a mayor tamañodiverso. En unos casos se transmitía la plena propiedad, mientras que en otros el pueblo se reservaba diferentes derechos, como el de caza, leña y el de pasto para las ganaderías concejiles, entre otros. A pesar de esta diversidad en las transmisiones de las corralizas, ha sido común escuchar por nuestros pueblos que entonces “no se vendió la propiedad de las corralizas, sino las hierbas y aguas de ellas”. Años después, numerosos fueron las localidades que intentaron ante los tribunales la recuperación de las corralizas, siendo dispares las sentencias dictadas: La prescripción de los derechos por el paso del tiempo así como los cambios de dueños (terceras personas que adquirían la corraliza como testaferros del verdadero adquirente) sucedidos a lo largo de los años, dificultaron una solución jurídica a un problema que comenzaba a ser de profundo calado social.

Así fue como, ya para el año 1884, en Olite estalla el conflicto corralicero con el trágico saldo de cuatro muertos. Años después, Tafalla fue escenario de revueltas corraliceras. Y así llegamos al luctoso año de 1914, con movilizaciones reivindicativas en Olite y Miranda de Arga reprimidas con tal dureza que se saldaron con tres y cuatro asesinados respectivamente. Estos movimientos populares estaban impulsados por Sociedades Obreras “comuneras” que promovían la roturación ilegal de fincas y ejercía presión sobre sus propios ayuntamientos para que comunes y corralizas retornasen a los pueblos.

Fruto del brío de estos movimientos en la Ribera cabría citar los pleitos de Mendavia y Lerín; los arriendos de corralizas a favor de los ayuntamientos de Murillo el Cuende, Valtierra y Andosilla; los convenios definitivos con los corraliceros de Cárcar y con varios de Lerín; la compra de corralizas por sociedades de vecinos de Larraga y Carcarstillo, a semejanza de lo conseguido el siglo anterior en Artajona y Cirauqui.

Llegada la II República las acciones comuneras se radicalizan. La presión popular en pueblos con corporaciones municipales de izquierda, caso de Mendavia y Lodosa, logró la vuelta de las corralizas al pueblo mediante compra, reservando el disfrute de pastos para sus dueños. Otras negociaciones en Mélida, Valtierra y Caparroso quedaron suspendidas por las elevadas sumas pedidas por los propietarios, a la espera de que la prometida Ley de Reforma Agraria abaratara las adquisiciones.

El primer año de la República pasó sin solucionar el problema corralicero, por ello los ayuntamientos decidieron unirse para exigir la reintegración inmediata de las corralizas y comunes al dominio público. Con este fin, la Diputación viajó a Madrid donde solo consiguió la promesa de la nueva Ley de Reforma Agraria. Ésta llegó sin recoger una referencia directa al problema corralicero de Navarra. Los municipios navarros prosiguieron su lucha hasta que, a causa del cambio de rumbo político hacia la derecha tras las elecciones generales de 1933, se paralizaron las gestiones puestas en marcha.

Y cuando el nuevo gobierno del Frente Popular, surgido de las urnas en 1936, puso manos a la obra para conseguir la definitiva resolución del conflicto corralicero, llegó la sublevación militar de julio de 1936 que anuló definitivamente el sueño corralicero.