Asociación de ovino de Raza Navarra

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Las Corralizas

 [Documento completo de historia de Las corralizas]

En las descripciones de las explotaciones de nuestros ganaderos se hace referencia, dependiendo de la zona geográfica donde se encuentren y en el apartado de sistema de explotación, “con aprovechamiento de corralizas” bien privadas o municipales.

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Con esta voz designamos en Navarra los terrenos, generalmente muy extensos, con pastos y corral dedicados al sustento y cría de ganados.  Se puede constatar que fue uno de los elementos que las conformaban, el corral, el que dio origen etimológico a la “corraliza”.

Ya en el siglo XVII algún ayuntamiento arrendaba sus pastos a los ganaderos locales y éstos eran quienes se encargaban de distribuir el terreno según su conveniencia e intereses. Con el transcurso del tiempo, la división de los pastizales de secano daría lugar al concepto moderno de corraliza, que alcanza en toda su extensión a las fincas particulares dentro de sus límites, de cuyas hierbas podía gozar el ayuntamiento y que por tanto se incluían en su arriendo. La construcción de corrales y balsas para abrevar el ganado corría por cuenta del municipio, lo mismo que su mantenimiento, y por tanto tenían un carácter comunal

Las corralizas eran habituales en la Ribera y en la Zona Media, desde Cortes y Corella hasta Cáseda y Cirauqui. Quizá esta amplitud y diversidad geográfica, hizo surgir peculiarizades zonales, como los llamados “pasos” o terrenos contiguos a las corralizas, a veces, de mayor extensión que éstas, típicos de Cabanillas y otros pueblos mugantes al Ebro; o como el aprovechamiento mancomunado por varios pueblos en facería, caso de Fustiñana, Cabanillas y Tudela o entre Funes y Peralta; o la inexistencia de corralizas en lugares de señorío, como Sartaguda, Monteagudo y Cadreita.

Durante el siglo XIX una importante masa de bienes comunales pasó a manos privadas a Ver imagen a mayor tamañocausa de las deudas contraídas por los ayuntamientos durante las numerosas guerras y del proceso desamortizador. Durante la guerra contra los franceses (1808-1813) los pueblos tuvieron que alimentar a los ejércitos de ambos bandos. Ante las continuas demandas de raciones que el vecindario era incapaz de atender por sus propios medios, pronto llegó la bancarrota de las arcas locales. La falta de ganado lanar, sacrificado para alimentar a las tropas, permitió a los ayuntamientos vender algunos terrenos de pasto, entonces desaprovechado, como solución de los agobios pecuniarios. Las Cortes de Navarra de 1818 legalizaron estas enajenaciones, no habiendo podido contar los ayuntamientos con la pertinente autorización previa para esas ventas pues Pamplona estaba ocupada.